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64° ANIVERSARIO
DE LA MASACRE DE CASALECCHIO:
UN MARTIR
COSTARRICENSE POR LA LIBERTAD
M.s.C. Orlando Guzmán V.
Asociación Nacional de Amistad Costa Rica Italia
“Dr. Carlos Collado Martínez”
Inmediatamente después del Armisticio de Cassibile de 1943,
la furia nazi-fascista se desencadenó contra la población
civil en Italia. Ésta no dio tregua y quienes pagaron con su
vida fueron los más débiles. Fueron asesinados a sangre
fría y con alevosía mujeres, jóvenes, niños
y ancianos que se sumaron, así, a los millares de víctimas
de la barbarie e ignominia.
Las tropas aliadas investigaron muchos de estos cas os, pero por mezquinos
cálculos políticos muchos de ellos fueron archivados
(escondidos en lo que comúnmente se llama el “Armario
de la vergüenza”, en la extinta Procuraduría Militar
de Roma del Palacio Cesi.
En el verano de 1994, mientras buscaba información sobre el
Capitán de las S.S, Erich Priebke, el Procurador Militar de
Roma, Antonino Intelisano, encontró los archivos clasificados
que se revelaron un enorme inventario de los tantos crímenes
-jamás perseguidos- cometidos por los nazi-fascistas contra
indefensas víctimas civiles.
De una parte estaban los inermes, del otro lado estaban las monstruosidades
indescriptibles cometidas por los nazis y legionarios de Saló.
Durante mucho tiempo, los mártires de aquellas masacres no obtuvieron
justicia, pues no convenía políticamente en el inmediato
post-guerra, había prisa de olvidar y de volver a comenzar.
Durante una de esas ejecuciones, un costarricense experimentó en
su propia piel un delito inaudito, nos referimos concretamente a la
matanza de Casalecchio di Reno, un pueblo cerca de Bolonia donde pereció nuestro
compatriota Carlos Luis Collado Martínez, de 25 años, quien
ofreció su vida por un desinteresado ideal.
Con su gesta, Collado Martínez
dignifica los ideales, sublimes y sempiternos, de libertad y respeto
por los derechos humanos que caracterizan nuestra tradición democrática.
Atraído por la cultura y la historia de Italia, el joven Carlos decidió estudiar
medicina en la Universidad de Bolonia, donde se destacó como uno de los
mejores alumnos. Siendo todavía estudiante, le confirieron el premio “Giovanni
Perna” por el mejor examen de Anatomía.
Graduado en 1944 con una tesis sobre los tumores cerebrales, le fue conferido
el premio “Vittorio Emmanuele II” a la mejor tesis de graduación.
Posteriormente fue nombrado asistente del director del Instituto de Anatomía
Patológica, prof. Claudio Businco, su pater et magíster.
Foto:
Carlos en el laboratorio de la Universidad Bolonia
Carlos
iba encaminado hacia un brillante porvenir profesional, pero decidió dedicar
su vida a los demás, fiel a su código hipocrático.
Toda su inteligencia, todo su entusiasmo, el escrúpulo aprendido de sus
maestros, sus libros e instrumentos de medicina los puso al servicio de los más
débiles, una causa noble para abrazar la fe inclaudicable en la libertad.
En vista de tanto horror cometido por fascistas y nazis, Carlos comenzó a
ayudar clandestinamente a los patriotas italianos heridos en combate. Ante
la necesidad de servicios médicos, no dudó en incorporarse
a la “63 Brigada Garibaldi - Bolero”.
Carlos fue perseguido por nazis y fascistas y e incluso estuvo privado de
libertad por sospechas de contactos con el movimiento insurreccional.

Foto: Carlos Alpinista
El trágico epílogo se materializó el 10 de octubre
de 1944, en una fría y nublada madrugada de otoño, en Rasiglio,
pueblo montañoso al oeste de Bolonia. Un estruendo de bombas y descargas
de ametralladora irrumpieron en el refugio de los partisanos, con lo que
dio inicio una de las batallas más cruentas de la lucha por la libertad
y la democracia en Italia.
Una División de las SS acorraló a los miembros de la 63° Brigada,
quienes en menor número y menos dotados de armamentos y municiones lograron,
después de varios días de combate, romper el asedio y ponerse
en salvo, en esta acción murieron trece jóvenes mártires
y otros trece fueron hechos prisioneros, entre ellos Carlos.
Después de ser interrogados y torturados, fueron conducidos al jardín
adyacente al puente ferroviario de Casalecchio (el “Cavalcavia”),
ligados al cuello con alambres de púas, las manos atadas detrás
de la espalda. Recibieron impactos de bala en las rodillas y piernas, así,
por el peso del cuerpo, los alambres se incrustaron en las carnes provocando
un lento y cruel estrangulamiento.
Carlos fue sepultado en una fosa común y, una vez liberada Bolonia,
fue colocado provisoriamente en la tumba de la familia del prof. Businco.
Al terminar la guerra su cadáver fue traslado a Costa Rica por su
gran amigo, el Dr. Antonio Portugués. Sus restos descansan en el Cementerio
General desde el 15 enero 1946.
Advertimos con consternación la indiferencia histórica entorno
a la figura de Carlos y de otros compatriotas costarricenses que ofrecieron
sus vidas, combatiendo contra la dictadura y la opresión nazi-fascista
en Europa.
Tal es el caso del “Comando de los Ángeles”, organización
clandestina en la que participaron, entre otros, Juan Fernando Laurent Stewart
en Polonia, Jorge Astúa Caetano y el teniente Willy Dent en Francia,
así como el capitán Roger Chacón y Carlos Collado en
Italia.
Como resultado de muchos años de investigaciones en Italia y rogatorias
en Alemania, la Procuraduría Militar de la Spezia (organismo competente
por jurisdicción para los crímenes de guerra en Emilia Romagna)
iniciará en noviembre de 2008 el procedimiento penal contra los miembros
de la 16° Panzergrenadierdivision SS dirigidas por el
Capitán Manfred Schmidt, como responsables de la captura y vil asesinato
de los mártires del “Cavalcavia”.
Foto:
el cuerpo de Carlos exanime
Finalmente los familiares de las víctimas
verán reconocidos sus legítimos derechos de verdad y justicia
y les será garantizado el principio básico del Derecho Internacional
que sanciona la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y
de lesa humanidad. Así se podrá dar definitivamente el reconocimiento
merecido al valor y al amor demostrado por estos paladines que combatieron
por la libertad contra las huestes nazi-fascistas. Carlos obtuvo post
mortem la medalla Garibaldina en Italia por su ejemplaridad de combatiente
por la libertad.
Foto:
conmemoración
de las victimas de Casalecchio di Reno, 2007
Foto:
Hernán
Collado durante la conmemoración del 2007
Ofreció su vida para salvar otras
vidas y esto amerita un reconocimiento unánime, es menester resaltar
y conmemorar su figura histórica y humana, su arrojado sentido de
despojo y altruismo y finalmente darle un merecido lugar en el panteón
de nuestros ciudadanos beneméritos. Que su martirio sirva de admonición
para que fenómenos de atrocidad y odio portadores de muerte y dolor
no vuelvan a verificarse nunca más: por esto no podemos olvidar.
Foto:
La familia Collado Martínez en Casalecchio di Reno, 2007

Foto: Monumento a los caídos, detalle. |