A Carlos Luis Collado Martínez
De Francisco Córdoba
En mayo florecen como estrellas blancas…
las colinas se cubren de un perfume tan intenso
que hasta puede llegar a confundir los sentidos…
en mayo,
las plantas de café
se convierten en galaxias perfumadas
inundadas por estrellas
por minúsculas e infinitas estrellas
por estrellas blanquísimas
sumergidas en un gran mar verde
en mayo
jugando con el color de la tierra
que, con su llegada, se vuelve más oscura
las lluvias hacen sonreír las colinas del valle
y todas las tonalidades se transforman
fundiéndose en un exótico arcoiris.
Aquellas estrellas delicadas y blancas,
blancas como la paloma de la paz,
aquellas galaxias perfumadas
el color de la negrísima tierra mojada
la luz y los colores del valle
en el mes de mayo
jamás pensaron que tu vida
podía ser destrozada por el odio atroz
por la locura, por el racismo.
Quizás tu dolor
se fundió en los cromatismos de las colinas
donde se cortó tu respiración
quizás las notas de ningún verso
podrán recordar jamás
el movimento de tu espíritu
o la memoria de todos los caídos
quizás ninguna llama
podrá quemar jamás
aquella irracionalidad
que violó tu cuerpo
tu dedicación
tu alma…
En mayo florecen como estrellas
y en octubre
las plantas de café
se vuelven intensamente rojas
cargadas de frutas, de movimiento, de vida
pero
también en un mes de octubre
junto a tus compañeros
tu espíritu se plegó
ante la orgía de violencia…
Hoy,
rodeados por la incertidumbre
por cuerpos destrozados
por ríos de sangre
derramados en todas las guerras
que están pisoteando tu sacrificio
y aquél de tus compañeros
hoy
aquellas perfumadas estrellas blancas
y aquel intenso rojo de fruta
han regresado
quebrantando todas las ideologías impuestas
para continuar a recorrer
el camino de la libertad.
Roma, 12 de abril de 1995 / Francisco Córdoba |